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Julio Anguita Parrado
Periodista (Córdoba 3 enero 1971-Baghdad 7 abril 2003)

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Su ‘multitasking’ y su rapidez no tienen que inducir a pensar que afrontaba los problemas con superficialidad. Julio se preparaba siempre muy seriamente las entrevistas y los viajes de trabajo. La investigación, ya sea “online” o en la biblioteca (su preferida era la biblioteca pública de Jefferson Market, la que se parece a la casa de la Familia Adams, en la 6ª avenida) siempre era intensa y después se refinaba con interminables llamadas telefónicas a su familia/redacción extendida por todo el mundo. Recuerdo todo un día dedicado a prepararse la entrevista con el obispo africano Milingo, después de que se hubiera casado según el rito de la secta “Moon”, en un hotel neoyorquino, con una acupunturista coreana. Después de haber asediado con llamadas y faxes al pseudo reverendo que gestionaba la oficina de prensa de la secta durante un día entero, obtuvo la entrevista (esta vez en exclusiva) con el polémico prelado. Tras haber pasado la mañana investigando sobre la secta Moon y su cura/brujo, me pidió que comiéramos juntos en un restaurante del East Village para preparar el encuentro. Había que entrevistarle en italiano (un idioma que Julio dominaba perfectamente) pero no se sentía precisamente un experto en cuestiones vaticanas. Yo tampoco lo soy, pero dado que muchas de nuestras discusiones eran de corte religioso y eclesiástico, creo que Julio me intentó utilizar como cobaya. Al final de la comida estaba perfectamente preparado, con preguntas impecables, su grabadora portátil, vestido de oscuro y sintiendo la presión del periódico que olfateaba la exclusiva y le llamaba cada media hora.

En cuanto llegó a su cita, Julio le preguntó a Milingo, vestido de paisano, pero con el vistoso anillo episcopal al dedo, si tenía que dirigirse a él como ‘Monseñor Obispo’ o ‘Señor Milingo’, una pregunta que no habíamos previsto en un nuestro encuentro, pero que era perfectamente legítima. Sin embargo, el obispo se la tomó muy mal y atacó con toda su furia a Julio, acusándole de ser un provocador del Vaticano y negándose a continuar con la entrevista. Julio regresó a casa enfurecido (por haber perdido la exclusiva y por las explicaciones que tendría que darle al periódico) pero por otro lado divertido (por esa ofensa tan inusual para él). Llegamos a la conclusión de que aquel fue “the best interview never written” (“la mejor entrevista jamás escrita”). .



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Julio listo para salir a la calle, 2002
 

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